5/23/2014

Lo que somos y lo que no

     Hace poco pensaba sobre determinadas etapas de mi vida. La falta de experiencia que solemos tener, que especialmente en edades tiernas nos hace susceptibles a la crítica de otros, muchas veces creyendo lo que nos dicen y limitándonos mentalmente. No me dejarán mentir, los niños pueden ser muy crueles...

     De niño me gustaba pasar tiempo conmigo mismo, lo cuál me trajo problemas de socialización, además de muchos apodos pero bueno, al final nunca me importó y creo que eso fue de ayuda.

     Ahora, a mis 25 años puedo decir que he tenido muchas vivencias, varias de ellas atribuyéndome algún calificativo. Me han llamado niña, fenómeno, imbécil, hijo de puta, igualado, irreverente, abusivo, ignorante y para no hacer más larga la lista de improperios, hubo unas pocas veces en las que incluso fui considerado un Dios. No me siento como uno, pero las palabras pueden motivar o destrozar la moral de alguien. No todos somos iguales, pero de nosotros depende darles ese poder.

   Lo cierto es que no todos pueden, como se dice por ahí, dejar que esas palabras se resbalen; ya sean con buenas intenciones o no, es muy fácil dejar que afecten. Aquel niño al que llaman tonto o estúpido, crecerá pensando que lo es; la niña a la que llaman gorda, no será feliz con su cuerpo; al viejo que llames inútil, se sentirá así.

     Es un buen momento para pensar en cómo le hablamos a las personas, pueden estar en un día difícil y lo único que lograríamos sería empeorarlo. Los invito a usar palabras bellas y amables, palabras de ánimo, buenos deseos que vengan del corazón y si no, simplemente guárdenlo. En fin, creo que debería ser el primero en aplicar este consejo, pero lo que sí, al menos aplíquenlo en aquellos a quienes aman.

Fer fuera.